
Estuve reunido con unos catedráticos de la Universidad Nacional del Santa y en una amena conversación me manifestaban una inquietud grande: Nos pasa algo que no encontramos respuestas con nuestros alumnos, es que existen alumnos que sabemos que ellos si saben y dominan el tema, exponen, conversan, discuten y dialogan sobre dicho tema con maestría y dominio. Y cuando están son Evaluados, sus notas son increíblemente desaprobatorias, es cuando decimos Que pasa por su mente de estoy muchachos, en verdad ellos merecen esa nota u otra oportunidad. Es cuando nos sentimos incapaces de resolver este gran dilema que nos limita como docentes.
Estamos evaluando en verdad el conocimiento que ellos tienen sobre la materia o solo un espacio o momento de su aprendizaje.
Esto tiene su explicación, en los programas mentales, que en alguna etapa de la vida escolar nos anclamos a estados emocionales limitantes, que nos bloquean la fluidez del pensamiento y los aprendizajes se hacen más cortos. Las capacidades mentales se atrofian y no podemos salir, cuando se puede descifrar esa estructura y desanclar esos estados para reprogramar nuevos estados entonces los resultados son increíblemente cambiados.
Aun no estoy convencido que los exámenes muestren en realidad su capacidad o puedan medir la cantidad de conocimiento que asimilo un cerebro, es en realidad una experiencia más sin importar sus consecuencias y las implicación que estas tengan.
